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SERGIO

Hace años que me dedico al periodismo de viajes. Y a uno siempre le dicen: uy, qué suerte que tienes, que trabajo más lindo, no necesitas a alguien que te lleve las maletas… Y cosas así… Y sí: es verdad. El trabajo es lindo. Y de mucha fortuna. Sin embargo trabajo es trabajo y, al final, esto de viajar trabajando es como hacer de Viejito Pascuero para Navidad. O de ginecólogo cualquier día del año: trabajas donde otros se divierten. ¿Por qué lo digo? Porque justo ahora termina esta maravillosa experiencia que fue trabajar, durante más de un año, en la Ruta de Chile. Y… Snif... Discúlpenme: me puse sentimental…

Ya comienza marzo. Y, cuando todo el mundo está de vacaciones, algunos del equipo aún estamos aquí, en Santiago, editando este último capítulo, el capítulo ocho, el cual da cuenta de un agotador, aunque entretenido viaje, por la Zona Central de nuestro país. Ahí está la Caro, periodista: allá la Jackie, productora; ahí el Flaco, montajista. Somos los que somos. Los que
quedamos. Los demás -Gordito, Benito, Osmancito, el jefe- están quién sabe
dónde, disfrutando del ocio. Malditos.

Es verdad: el que pasó fue un año duro, duro-duro, básicamente porque en poco tiempo no sólo debimos recorrer buena parte de este país, tratando de llegar a la máxima cantidad de lugares posibles (muchos de ellos de difícil acceso), sino que también darle a esta extraordinaria riqueza un formato televisivo que fuera entretenido y distinto a lo que estábamos acostumbrados. Sólo ustedes saben si lo logramos o no. Lo que sí está claro es que, con nuestros defectos y virtudes, lo intentamos, le pusimos ganas. Y ojalá -lo digo de corazón- que hayamos hecho justicia a todo lo que recibimos de la gente, especialmente en los sitios más remotos de nuestro país. De verdad muchas gracias.

Y… bueno ¿por qué estoy hablando de esto si lo que ustedes deberían leer aquí es una bitácora de viaje? Se los voy a decir. ¿Saben por qué? Porque al final, después de viajar y viajar, uno se da cuenta que... por Dios que es entretenido viajar.... Idealmente sin grandes mochilas que cargar. O tareas que hacer. Simplemente viajar: viajar por viajar. Obvio que a algún lugar entretenido. Y ése es el punto. ¿Puedes ser la Zona Huasa, la Zona Central de nuestro país, un buen destino para optar por un viaje? Seré sincero: tenía mis dudas. Pero fue al final de esta Ruta que me di cuenta que sí. ¿Y saben dónde fue? Fue cuando tomamos el buscarril que va desde Talca a
Constitución: un viaje fantástico. Te haces amigo del maquinista y, como el tren es a fin de cuentas una pequeña micro (y a nadie le importa mucho si llega o no a tiempo), el tren para donde quieras: incluso para tomar fotos en algún puente o en algún recodo de la vía que tenga algo interesante.

Aparte, como si fuera poco, al final de la vía aparece el gran premio: Constitución, la perla del Maule, una preciosa ciudad dotada con unas increíbles playas signadas por gigantescas rocas que, si estuvieran en Australia, Nueva Zelandia o no sé dónde, sin duda que serían el gran símbolo
turístico del país.

No lo tomen como petulancia. Por este trabajo (este trabajo de viajar y viajar) he estado en China, en Rusia, en la Antártica, en el desierto africano, en muchísimos lados. Y qué pasa al final… Pasa que te das cuenta que en Chile tenemos rincones sencillamente preciosos. Y, mejor aún, gente que te recibe con una tremenda sonrisa y demasiada amabilidad.

Una última confesión. Partimos este viaje en la Estación Central. La Paty iba a bajarse en San Fernando, para desde ahí recorrer la Ruta del Vino, y luego toda la costa, para terminar finalmente en la laguna del Maule. Yo, en cambio, dejaría el Metrotren en Rancagua, justo a tiempo para el Campeonato Nacional de Rodeo. Luego iría a Sewell. Y de ah, hasta llegar a Conti: Constitución. Y bueno, qué pasa: pasa que me subo al tren, no con muchas ganas, pero a poco andar algo empieza a cambiar. Imagínense… Para hacer este programa he estado en el Estrecho de Magallanes, en Robinson Crusoe, en la isla Mocha, en fin… Y, al final, bueno... Como que ir a Rancagua no tiene mucha gracia que digamos. Pero no. No es verdad. Al final recorres la ruta, entre la VI y la VII región, y todo lo nuevo que conoces encanta. Y lo que no conocías te mueres de ganas de conocerlo. De hecho eso al menos, es lo que me pasa aquí en la oficina. Veo el viaje de Paty a Vichuquén. ¡Y me muero de ganas de ir a Vichuquén! Es más: acabo de hablar con mi novia. Y ahora nos vamos a Vichuquén. ¿Qué tal? La Paty gana. Me encantó el viaje de la Paty.¿Y cómo no voy a querer conocer todo lo que tienes ahí, tan, pero tan cerca? De hecho es la idea. Para eso hicimos este programa. Y para mí resultó.

Ojalá que para ustedes también. Así es que me despido. Me voy de viaje. Sin
cámaras. Sin pauta de grabación. Voy a recorrer la Ruta de Chile. Mi ruta:
tu ruta: la ruta de todos.


 
2006 Televisión Nacional de Chile